Mike estuvo escuchándolo todo en silencio, cerró los ojos y esbozó una mueca de disgusto: ¡Jóder! Otro problema que se le venía encima a su amigo, por si no tenía suficiente con una esposa desconocida y demasiado joven. Ahora la hermana: igual de joven, además caprichosa, alocada y al parecer fuera de control. Por nada del mundo le gustaría estar en su piel.
Podía haberse quedado callado, pero la amistad de años se lo permitía, así que dijo todo lo que pensaba. Daniel no pudo más que estar de