Cada vez estaba más convencido de la necesidad de mantenerla a su lado, dos motivos de peso se lo exigían: el primero protegerse y proteger a su familia, y, en segundo lugar, ante la improbable posibilidad de que la historia de la joven fuera verdad le remordería la conciencia haberla abandonado a su suerte. No era ningún estúpido y sabía con toda certeza que por mucho que dijera lo contrario, una joven sin papeles y evidentemente con pocos estudios no tenía muchas posibilidades de trabajar en