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Atardecía ya cuando Débora abrió los ojos, miró donde estaba y reconoció el cuarto de su esposo, notó un peso en el pecho, un brazo le rodeaba la cintura, se giró para ver a quien correspondía, y allí estaba él, dormido a su lado. Acarició su rostro, notó el raspar de la incipiente barba, que lo hacía tan varonil… ¡Dios como lo amaba! Pero no podían estar juntos se hacían tanto daño…, No entendía porque insistía en mantenerla a su lado. Subió la mano y le acarició el cabello que le caía sobr
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