Y por si las dudas, los celos y la desconfianza no fueran ya demasiado, faltaba la guinda para coronar el pastel, sucedió esa misma noche, justo la noche la anterior a la fiesta…, Desesperado como estaba, temeroso de tener otro encontronazo con Lisbeth, para eludir a Débora y evitar una nueva pelea entre ambos, y con miedo de que Monna volviera a las andadas e intentara colarse de nuevo en su habitación, no cenó en la casa, salió. En ese pueblo no había muchos sitios donde ir para tomar una cop