Pasaron unos poquitos días, Débora aún no había logrado su propósito: hablar con su marido. El siempre le ponía excusas, cuando lo proponía, él cambiaba de conversación: tenía que irse, tenía trabajo…, estaba ya impaciente por aclarar las cosas, pero parecía que a él ahora no le importaba nada. La trataba con dulzura, tiernamente si estaban juntos en las comidas y sobretodo en la cena cuando estaban solos. Al saludarse o despedirse a veces la besaba en la boca, pero eran unos besos cariñosos