Daniel se quedó un rato apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados observando a Débora. La joven estaba sentada en la cama medio incorporada y leía, o intentaba hacerlo, en voz alta un cuento infantil en inglés. Repetía cada frase un par de veces, no lo hacía del todo mal. Quizá pronto podría mostrarle su bien surtida biblioteca y animarla a que escogiera lo que quisiera en lugar de quitarle los cuentos a su hijo. Su pronunciación había mejorado mucho. Se alegró de sus progresos.