Conoces cada detalle de mí
Ya nada te puedo esconder
Descubres mi alma para ti
Sólo estoy a tu merced
Jeremy subió a su habitación casi a la una de la madrugada. De no ser porque Aidan empezó a bostezar, se habrían quedado hablando largo rato, pero estaba cansado, pues había volado desde Europa la noche anterior para estar aquí hoy temprano, y no había descansado en todo el día.
En silencio, se sacó la ropa y se metió en la cama sintiéndola muy grande y muy fría. A un extremo estaba Jennifer, d