Un silencio incómodo se adueñó del lugar ante la extraña pregunta del padre de Daniela. Ella, quien aún no asimilaba aquella interrogante y que se encontraba paralizada por el miedo, miró a su padre con ojitos preocupados.
—No estoy embarazada, papá —dijo al fin, con la voz en un hilo.
—No me mientas, Daniela —le advirtió con tono brusco—. ¿Cómo es eso de que tú y este aparecido van a tener un bebé? ¿Acaso te volviste loca? ¡Si apenas llevas unos meses en la capital! No puedes ser tan irrespons