Franco cerró la llamada y se quedó estático por un momento.
—¿Papi? —Ashley se acercó a él y le jaló la punta de la camiseta, para poder captar su atención.
—¿Sí? —balbuceó ido. Parpadeó varias veces para salir de su trance y miró a la pequeña con dulzura.
—Te quedaste parralizado, papi.
—Se dice pa-ra-li-za-do —corrigió sin dejar de sonreírle.
—Eso dije, papi. Tengo hambre —desvió el tema y se sentó en la mesa a esperar que este le sirviera.
Después de desayunar, Franco se puso el único conjun