«Ummm... Parece que un ratoncito mordió este lápiz».
Daniela se despertó con esa frase en la cabeza y con el corazón latiéndole frenético. Volver a vivir el primer día que él le habló, en sus sueños, se sintió como si el tiempo no hubiera transcurrido. Rememoró todas las veces que suspiró por él en secreto y su manera tonta de admirarlo a distancia, puesto que este nunca reparó en su existencia hasta ese día.
Recordó que él le dijo que, la razón para no abordarla era porque le tenía vergüenza y