El que la destruirá.
Raúl baja de su limusina y corre a las puertas de la mansión, agitado, pues ha visto en la distancia la SUV de Beatrice. Apenas se abre paso por el pasillo hacia la sala se encuentra a su hermana, cuñada, padre y madre reunidos en la sala.
Las miradas caen en él, con severidad, decepción.
José, con el pulso temblándole, aprieta la mano de su esposa y le habla con impotencia.
—Ambos me dijeron que no tenían nada. Pero es mentira. Tienes algo con ella, Raúl. Y sigues con Madison.
Él siente un vuelco en su corazón. Mira a su madre, que sabe los descubrió antes con el beso, luego ve a María de los Ángeles, que ya lo sabía, mira con sospecha a su cuñada. La rabia comienza a subirle.
—¿Fuiste tú? —acusa.
—¿Qué te pasa? —reclama su hermana, desviando su atención—. Madison vino aquí, pretendiendo unirse a nosotros como nunca lo hizo. Nos dejó claro que tienen algo. Papá… se enteró de Beatrice después.
El pelinegro respira agitado, sus ojos se llenan de lágrimas.
—¿Dónde está ella? ¿Dónde está