La mirada de Silvia se tornó fría y calculadora. Respiró profundamente antes de responder — Estás hablando tonterías, Emely. No hay ninguna verdad oculta. Eres mi hija, y lo sabes muy bien. Deja de inventar historias absurdas, que tu hermana haya triunfado y tú no, eso no es culpa de nadie
Emely, a pesar de su miedo, decidió mantenerse firme en su posición. Había llegado a un punto de quiebre en su vida, y ya no podía seguir siendo manipulada por Silvia.
— No te creo, madre. Si realmente soy tu