Más tarde ese día, Bastian tomó una decisión. Fue a casa de Rosalinda y la confrontó directamente.
Rosalinda estaba sentada en el sillón, aparentemente relajada, pero Bastian sabía que había algo más bajo esa fachada de calma. La misma mirada que la noche anterior, la misma sonrisa, aquella que parecía esconder secretos y promesas peligrosas.
Él cerró la puerta tras de sí con un golpe seco, el sonido resonando en la estancia vacía.
“Necesitamos hablar, Rosalinda” dijo con voz firme, su mirada f