Me resulta tan raro que todos, de la noche a la mañana, sean tan amables conmigo, no es que me esté quejando, prefiero esto, aunque sea totalmente falso, a los insultos que me ofrecían constantemente sin yo hacer nada, como los que me daba José cada vez que tenía una oportunidad.
No sé ni para qué pienso en él, hablando del diablo, al terminar las clases, vino directo a mi encuentro y con clara molestia reflejada en su rostro me soltó:
- ¿Te has vuelto loca?
- ¿Cómo dices?
-