Alessandro
Salgo de la empresa corriendo sin importarme si alguien puede verme caminando y voy directo a dónde un desesperado Lorenzo se encuentra. Sus ojos abriéndose con sorpresa al verme en pie.
—Señor usted… usted…
—¿En dónde está?—pregunto cortando su balbuceo y veo como una mueca se forma en su rostro antes de decir.
—No pude detenerla, señor. La señorita se fue corriendo.
El gruñido que sale de mi ni siquiera parece humano y tengo que recordarme que no puedo golpear a mis empleados, antes