ISABELLA MONROE
Estaba sentado en el vestíbulo mientras jugaba con mi teléfono, esperando a que ese hijo de Adams saliera del ascensor. Me sorprendió cuando me dio un pañuelo y luego se disculpó, en realidad mentí cuando dije que no era su culpa. Bueno, no todo era culpa suya, pero sus palabras parecían tan fuertes que podían llevarme al límite de mis limitaciones emocionales.
Pude ver que la gente empezaba a salir del ascensor y supe que por fin era su hora de descanso, la hora de comer. Todo