Laika
Alfa Karim me ató las manos con las suyas y me obligó a tumbarme a su lado en la cama. Era la primera vez que compartíamos la cama y dudaba que acabara bien. Los dos estábamos tumbados boca arriba, con las manos entrelazadas. Estaba tan rígida como un palo donde yacía, pero mi mente era tan flexible que vagaba por aguas escarpadas.
Un deseo confuso y venenoso se arremolinaba en mí mientras él me sujetaba la mano allí tendida. Una llama enfermiza dentro de mí deseaba que lo metiera to