Pero Laika lo cambió todo. Había revuelto en mi interior, pelando cada capa de gruesa piel hasta descubrir mi corazón y ahora lo tenía en sus manos mientras yo le rogaba que no lo hiciera añicos. Mis guerreros me respetaban porque no dejo que las emociones o los sentimientos empañen mi juicio, pero no estaba seguro de ser el mismo hombre. No podía prometer que dejaría marchar a nadie si jugaba con lo que era mío.
Después del sexo que tuvimos anoche, no podía dejar de sentir en mi corazón