—¡Esa palabra te queda grande! ¡Ella es mía! ¡Me ama a mí!
Denzel no entendía nada, en su mente había creído que Santiago no sentía nada por Allegra, pero frente a él tenía a un hombre enamorado, reclamando a una mujer que creía suya, y sabía que un hombre como Santiago Sanders no renunciaría a ella. Denzel no sabía si quería dar la pelea, pero su cabeza estaba confusa y ahora se dejaba arrastrar por la violenta pasión de la ira desatada
—¡Ella no es tuya! La dejaste ir, Sanders, ¡Es mi novia!