Irina tiritó del frío una vez que ya estaba vestida con aquella ropa, había deseado por primera vez, estar en una cama acogedora y no en la que llevaba semanas apenas durmiendo. Sus ojeras estaban remarcadas debajo de sus ojos, su cabello que solía ser brilloso, sedoso y largo, estaba opaco, sin vida y lo habían cortado bastante. Lo odió de inmediato y tuvo que odiarlo hasta la fecha. Estaba sentada en la orilla de aquella cama, mientras miró la pared acolchada. Cerró los ojos y dejó que aquell