La joven hizo el esfuerzo de zafarse de aquella persona, pero este, en lugar de dejarla ir, la aprisionó más a su pecho y con su voz ronca y sensual le susurró:
— Soy Leo, si estás aquí es porque quieres que te rescatemos.
Al escuchar esa agradable voz, la joven dejó de patalear y se tranquilizó. No ha sido el monstruo el que la ha atrapado, es su salvador que por segunda ocasión arriesga su vida por la de ella.
— Sí, por favor ayúdame. Sácame de aquí lo antes posible, él se dará cuenta de que