Sus manos se formaron en un puño, necesitaba hacer eso para que la sangre en sus venas se relajara y no le hiciera desplomar en ese momento. Duele, duele saber que la mujer que amas ahora está embarazada y no saber si el bebé es tuyo o del amante.
Justo en ese entonces llegó Alexa, todos estaban callados, cada uno asimilando la noticia.
— ¿Marco? ¿Qué haces aquí? —Preguntó con molestia.
— ¡Que Marco, ni que nada! Olvídate de lo que haga o deje de hacer este idiota y mejor explícame cómo es eso