—¿Que demonios te ocurre, Andrew?—soltó Selena cuando el hermoso hombre de mirada azul detuvo el vehículo frente a un enorme parque con juego para niños.
—Ya te dije, Selena, te estoy secuestrando—volvió a decir él con cierto cansancio y desdén, mientras pasaba una mano por su cabellera color noche.
La hermosa prostituta separó los labios, mientras volvía su rostro furioso hacia su escolta, quien parecía aburrido o más bien cansado.
—Pero ¿Por qué demonios Andrew?—escupió ella convertida en una