Teo acomodó a Hannah sobre sus piernas, atrayéndola todo lo que podía hacia sí, y apoyó el mentón en su hombro, mientras la abrazaba por el abdomen. Tenerla tan cerca era lo único que lo ayudaba a mantener la calma.
Toda su familia estaba reunida en la sala. Sus padres, su hermano y su cuñada, junto al tío Giovanni y la tía Mia, hablaban con entusiasmo. Sin embargo, él no alcanzaba a seguir la conversación.
—¿Se durmieron? —preguntó, refiriéndose a sus hijos.
Su esposa y su madre habían llevado