—Sí… —respondió Ethan finalmente, con la voz más baja de lo habitual—. Solo estaba pensando en alguien.
Naomi no apartó la mirada de él.
—¿La persona para la que querías que hiciera esta fragancia?
Ethan asintió, aún con la tira entre los dedos.
—Mi hijo —confesó, sin proponérselo.
Naomi guardó silencio, sorprendida. Antes de que pudiera hacer alguna pregunta, Ethan continuó.
—No llegó a nacer —dijo, y esta vez su voz se quebró un poco—. Estaba pensando que… habría sido así como habría olido.