Llego a las oficinas y Dario no está en la recepción. Es la hora de comer, así que no creo encontrar a nadie. Entro, dejo el arma en la caja de seguridad y me voy a mi área de trabajo.
Respiro profundo y sonrío, tengo que revisar los mensajes de mis redes y debo estar preparada para lo peor, como siempre.
Empiezo revisando los perfiles de las chicas, ahí es donde los mensajes suelen ser más crueles.
Critican unas piernas delgadas, dientes torcidos, un maquillaje que está mal a los ojos de la