Adeline sacó su teléfono del bolso para solicitar un transporte. Damian se paró apenas a medio paso detrás de ella; bajó la mirada hacia la pantalla, adivinando sus intenciones, y frunció el ceño ligeramente.
En cuanto el coche del abuelo Rupert se perdió de vista, Lauren le espetó furiosa: —Adeline, ¿a qué demonios juegas? ¿Qué es lo que quieres conseguir con esto?
Leona se burló desde un costado: —¿No es obvio? Se trata del acuerdo. Quiere una parte más grande de la fortuna de Damian.
Adeline