Adeline apenas pudo terminar su cena de rosbif y verduras. Arthur la llamó repetidamente, pero ella mantuvo la mirada fija en su plato, ignorando el vibrar constante del teléfono. ¿Qué mentira le habría contado Sienna esta vez? Probablemente se habría presentado como la víctima de la "frialdad" de Adeline.
Sin embargo, cuando el teléfono sonó por quinta vez, el nombre en la pantalla la hizo dudar: Gloria Vance, su abuela.
Gloria siempre había sido su pilar. Aunque Adeline sabía que Arthur probablemente la estaba usando como carnada, no pudo evitar responder.
—Hola, abuela. —Adeline, ¿qué está pasando? —la voz de Gloria era inusualmente afilada—. Tu padre lleva días intentando hablar contigo. ¿Por qué lo ignoras? —Sé lo que quiere decir, abuela. Y no tengo interés en escucharlo. —Es tu padre. ¿No tiene derecho a reprenderte? Estás actuando mal, Adeline.
El silencio de Adeline fue su única defensa. Le dolía que Gloria, que siempre había sido justa, ahora defendiera a Arthur. Sabía que s