Mientras Vincent escupía aquellas amenazas, volvió a sujetar con fuerza el brazo de Adeline. Ella no esperaba que él fuera tan temerario frente a testigos. Al sentir la presión de sus dedos, tiró de su brazo con violencia para zafarse.
Vincent perdió el equilibrio por un segundo, pero Adeline sintió un dolor agudo que le recorrió el costado. Su piel era delicada, y la fuerza bruta de Vincent había dejado arañazos sangrientos y marcas rojas que empezaban a hincharse en su antebrazo.
—¡Oh, Dios m