La breve conversación entre Damian y Sienna fue un puñal de doble filo. Reveló un lado gentil y protector de Damian que Adeline jamás conoció. Ella, que había crecido mimada, nunca había pisado una cocina; su madre siempre decía que sus manos eran para el diseño, no para el olor a grasa.
Pero por amor a Damian, lo cambió todo. Al saber que él odiaba la comida condimentada de los restaurantes, Adeline aprendió a cocinar, soportando el olor que tanto detestaba para prepararle tres comidas al día. Él nunca le dijo "no te esfuerces tanto". Simplemente asumió su sacrificio como una obligación más de su contrato invisible. En cambio, con Sienna, Damian era el caballero que evitaba que ella se "ensuciara" en la cocina.
Una oleada de arrepentimiento, agria y pesada, invadió a Adeline. Se odió por haber tardado tanto en abrir los ojos.
Se recompuso y caminó hacia la salida con una calma que no sentía. Sienna, sentada en el sofá, observaba cada uno de sus movimientos mientras Damian, junto al m