Damian no volvió a enviarle ningún mensaje después de ese último intercambio cargado de hostilidad. El silencio de su exmarido era casi tan opresivo como sus órdenes.
A la mañana siguiente, Maya y Leo llegaron al estudio con una chispa de urgencia en los ojos. Leo dejó su maletín y comentó de inmediato: —Anoche contacté a un antiguo compañero de la facultad para rastrear el rastro profesional de Dylan Sanders.
—¿Y bien? —preguntó Maya con impaciencia, dejando el café a un lado—. ¿Dónde ha estado