Adeline no estaba dispuesta a seguir escuchando el cinismo de Damian. Levantó el pie y, con un movimiento rápido y certero, le propinó una patada seca en la espinilla.
—¡Maldita sea! —exclamó Damian, soltando un gemido de dolor mientras se doblaba instintivamente para sujetarse la pierna.
Adeline llevaba tacones de punta fina; el impacto directo sobre la tibia debió de ser insoportable. Damian la miró con los ojos entrecerrados por el sufrimiento. —De verdad tienes el corazón para ser así de cru