Adeline se sentía inquieta mientras bebía su agua, preguntándose por qué Damian e Ivy tardaban tanto en regresar después de despedir a los oficiales en el vestíbulo. ¿Realmente sería Damian capaz de cometer una ilegalidad y arriesgar su carrera por el amor ciego que le profesaba a Sienna? Él no parecía esa clase de hombre calculadoramente criminal, pero Adeline sabía bien que, en el sucio juego de la pasión, hasta el caballero más recto puede perder el juicio y la ética.
De pronto, la paz de la