—Esa soy yo —respondió Adeline a la oficial con una voz que no tembló ni un segundo, mientras le hacía un gesto a Helena para que retirara los restos del desayuno de la mesa.
La oficial tomó nota en su libreta y preguntó con una seriedad que heló el ambiente: —¿Está usted denunciando formalmente un intento de asesinato en su contra?
—Sí —asintió Adeline con firmeza inquebrantable—. Fue esta persona presente, Eileen, quien provocó mi caída de manera deliberada.
Mientras hablaba, señaló directa