A pesar de tener la llave, Damian no pudo abrir la puerta; Adeline la había cerrado con el pestillo interior, inutilizando cualquier copia. A su lado, Helena, visiblemente confundida, preguntó: —¿No me diga que la cerradura se ha estropeado?
Damian dejó escapar una risita seca. —No está rota. Es mi esposa, que no me deja entrar. Pero mis cosas siguen ahí dentro.
Helena no tuvo más remedio que aclarar la situación: —Señor Thorne, la señora ya me ordenó sacar todas sus pertenencias de la habitac