21. Despedida
El sol brillaba con fuerza, pero a Ana le pareció que el día era gris.
Auritz cargaba la maleta, caminando delante de ella hacia el coche, ambos en completo silencio. El trayecto al aeropuerto transcurrió en la misma atmósfera de melancolía. Ninguno de los dos dijo ni una palabra, cada uno sumido en sus propios pensamientos: en las palabras de la noche anterior, en el contacto durante baile, en la confesión a medias, en el beso en la frente.
La música suave de la radio intentaba llenar el vacío