42. Los príncipes están sobrevalorados
—Porque me gustas, habladora. No sé qué demonios fue lo que me hiciste, pero me tienes loco por tí.
Las palabras habían salido solas de sus labios pero no se arrepentía, en absoluto. Por el contrario se sintió como dejar salir un peso que no sabía que estaba llevando dentro de él y le gustó. Esa sensación de liberación fue algo totalmente nuevo.
Pudo notar en los ojos de ella que estaba confundida y sabía que eso era su culpa. Sus actos y sus palabras eran dos cosas que parecían no coincidir.