23. No te conviertas en bruja
Una gala. Por Dios ella nunca en su vida había asistido a un evento de gala, ni siquiera alcanzaba a tener un vestido de cóctel, cómo se suponía que iba a arreglarse para uno de tan alta categoría, y eso mismo fue lo que le hizo saber al hombre enfrente de ella.
—Señor Reed… Yo… Yo no creo que yo sea la persona adecuada para acompañarlo— dijo e intentó no mirarlo a los ojos, le daba vergüenza decirle al hombre que no tenía nada que estuviera a la altura para ponerse, ni mucho menos dinero para