12. No te odio
Aurora sentía que el fuego que estaba quemándole de dentro hacía afuera solo se calmaba en el instante en que esas manos grandes y varoniles se posaban sobre ella.
Por eso cuando cayó dentro del agua y sintió el cuerpo pegado a ella, lo único que pudo hacer fue acercarse mucho más para sentirlo por completo. Necesitaba apagar el calor.
— ¿Ey, habladora, vamos a ponerte por allá ?
Benjamín no sabía que demonios hacer, la habladora estaba pegada a él como si de una garrapata se tratara, solo