Capítulo 8 Por favor, quédate

Después de lo ocurrido con Johnny en su casa, éste se había ido casi avergonzado. Y ella aún no entendía muy bien qué había pasado. O sea sí a nivel físico, pero evidentemente cuando le dijo que era virgen algo cambió. Lo que todavía no entendía era como eso iba a repercutir en su relación. Aunque en realidad ellos no tenían relación más que la de jefe y empleado ¿ no? ¿ No ? "¿Estás segura?" le dijo el maldito diablillo dentro de su cabeza, pero ella acalló esa maldita voz. Las sensaciones que él provocaba en ella eran...increíbles, por un lado la dejaban ansiosa y deseosa de más. Por otro lado recordaba sus propios principios, y como se alejaba ese Playboy y truhan de sus preceptos y lo que quería para su vida... entonces prefería acallar el ansía que envolvía su cuerpo y clamaba por más. En ese momento estaba en la fiesta del sábado con su amiga Glenda. Glenda, era una mujer atractiva, una abogada que justamente había sido el nexo para presentarle al abogado ególatra de su última cita. Se habían hecho amigas en la hermandad. Glenda era una castaña de cabello color miel y unos exóticos ojos oscuros de forma almendrada. Era más alta que ella, como una modelo, solo que una de Victoria Secret y no de una pasarela europea, con un cuerpo muy insinuante y una actitud en lo absoluto tímida. Aunque en ese sentido eran diferentes, eran grandes amigas. Glenda había insistido para que se pusiera ese corto vestido plateado que la hacía sentir desnuda. De hecho, para ser honestos, era un pequeño trozo de tela de un material metalizado que se sostenía con dos cadenas de sus hombros y luego era descubierto en la espalda hasta donde comenzaba su trasero, que apenas tapaba de lo corto que era. Un par de amigos, se acercaron a ella y Glenda. Dos ejecutivos. Glenda parecía muy interesada en el que estaba encandilado con ella, y aunque el otro hombre a Bárbara no le encantaba por cortesía y para hacerle el favor a su amiga se quedó con él bailando. En determinado momento Glenda se le acercó, se la veía emocionada, Bárbara se alejó un momento del hombre que se llamaba Troy. Era un rubio grande, aunque no se parecía en nada a su Johnny...bueno A Johnny, que no era nada suyo en lo absoluto por supuesto. Bárbara se hizo a un costado con su amiga. — Barbie, ¿ tienes problema de quedarte con Troy? Porque Wilson me ofreció llevarme a otro lugar — Glenda, claramente, no era virgen como ella. — Está bien, vé diviértete — dijo y abrazó a su amiga. No pasó mucho tiempo de eso, cuando Bárbara quiso retirarse. Cómo habían ido en el auto de Glenda y ésta se fue, Troy ofreció llevarla. Ella no estaba muy convencida pero aceptó. Ya que se había comportado como un completo caballero todo el tiempo. Cuando llegaron a la dirección que le indicó, Troy se estacionó a unos metros de la puerta y paró el motor. La miró de costado. — Bueno Troy, un gusto conocerte...gracias por traerme — dijo ella con cierta timidez. — ¿ No me invitas a tomar un café? — dijo él y tocó uno de sus rizos. Ella se alejó un poco. — Estoy cansada, mejor otro día — Bárbara sonrió con nerviosismo. Él tomó su cuello y Bárbara se quedó congelada. — Tu eres la famosa ' princesa de hielo' ¿ no? Quizá yo pueda derretir ese hielo — dijo y se tiró sobre ella para besarla con dureza. Ella tanteó la puerta pero estaba trabada. Él se separó de ella, —Ni lo intentes linda. La puerta está trabada. Todos te vieron pasar muy alegre la noche conmigo, será tu palabra contra la mía.— le dijo él con una sonrisa vil revelando sus verdaderas intenciones e inclinando el asiento para tirarse sobre ella, arrancó la parte superior de su vestido y empezó a besarle los pechos. ¡ Por favor no! pensó Bárbara para sus adentros. — Por favor, no lo hagas— suplicó. — Con ese vestido y tú actitud seductora lo estuviste pidiendo toda la noche querida... Bárbara comenzó a llorar sin poder contenerse mientras el hombre se abría el cierre de su pantalón. — Cuando lloran me excitan más — murmuró con voz ronca él, que estaba cerca de cumplir su cometido. De repente un sonido de cristales rotos distrajo la atención de Bárbara, que sintió como alguien le sacaba al hombre de encima antes de que la violara. Johnny había ido a la casa de Bárbara. Cuando Johnson, el seguridad, le dijo que había salido. Por alguna razón decidió esperarla. Poco después un automóvil se estacionó con actitud sospechosa, lo que llamó su curiosidad. En la noche iluminada pudo ver el destello de su cabello plateado y cuando se acercó vió lo que pasaba dentro del vehículo. Pese a los golpes recibidos jugando football, aún conservaba muy buen oído. Alcanzó a oír los llantos de la joven y no lo dudó. Primero intentó abrir la puerta de conductor pero cuando no pudo, rompió con un brutal codazo el vidrio de la puerta y metió la mano por dentro para destrabar el auto. Luego sacó al hombre de encima de ella, y en ese instante lo estaba pateando en el piso después de haberle dado un par de puñetazos. — ¡Maldita escoria violadora, bastardo hijo de puta! Bárbara salió con rapidez e intentó agarrar a Johnny que estaba enfurecido. — Basta, déjalo por favor... vámonos...por favor — le dijo llorando interponiendose. Verla llorando desencajada y con el vestido así hizo que quisiera terminar de matarlo pero ganó la razón y su preocupación por ella. — Esto no terminó aquí, no sabes con quién te has metido — le dijo señalandolo y escupiendo el suelo junto a él. El abrazó a Bárbara. — ¿ Puedes caminar ? — le preguntó preocupado. Ella asíntió aún en estado de shock. Cuando entraron al edificio un preocupado Johnson se acercó. — ¿ Qué pasó Johnny?. ¿ La señorita BRONSON está bien ? — Llama a la policía, hay una escoria violadora en medio de la calle, ensuciando el piso con su asquerosa sangre. La policía llegó poco después. Ya estaban en el apartamento de Bárbara tomándole declaraciones. El tal Troy había huido pero lo iban a buscar. Johnny mientras le tomaban declaración a la joven, que tenía una manta sobre sus hombros y todavía temblaba del shock, llamó a Michael. Él mismo se iba a ocupar de ese sujeto. Cuando terminara con éste no iba ya a tener con qué violar a nadie más. Finalmente la policía se fue. Él se quedó en la sala. — Yo...creo que tomaré una ducha — le dijo ella que aún estaba temblorosa por lo que pasó. Intentó llamar a Glenda para ponerla sobre aviso, por si el amigo de Troy también fuera así pero fue imposible contactarla. Igual le había dicho a la policía, por si acaso...esperaba que estuviera bien. Pasó mucho tiempo bajo la ducha frotandose, no supo cuánto. Pero en un momento Johnny tocó su puerta para preguntar si estaba bien. Ella ya tenía la bata de toalla, su cabello húmedo y la mirada aún perdida. Mientras se bañaba, Johnny volvió a llamar a Michael, solo que habló con su cuñada Amal que tenía mucha experiencia en el tema de abuso sexual ya que como ginecóloga en Las Vegas trataba muchos casos de violación, aparte tenía una íntima amiga María, que era una psiquiatra especialista en el tema. Le dió algunas indicaciones, lo cuál lo alivió ya que no sabía bien qué hacer en ese momento con ella. Bárbara abrió la puerta del baño y lo miró. Tenía los ojos hinchados de llorar. — Yo estoy aquí contigo, quédate tranquila. Dime lo que necesites. Bárbara dió un paso hacia atrás...pero fue solo un impulso para tirarse en sus brazos. Lloró en su hombro mientras él le acariciaba la cabeza, y le decía palabras tranquilizadoras. Bárbara se alejó un poco de él. Ella, que planificaba todo, nunca había previsto eso. — Tranquila estarás bien, lo agarraremos. Estoy aquí...— dijo él y acarició su rostro...ella impulsivamente le dió un beso sorprendiendo completamente a Johnny, que no se lo esperaba. Pero que devolvió el beso a su vez. Ella quería borrar lo que había ocurrido, en los brazos de él. Se abrió la bata y la tiró al suelo. — Yo...esto no está bien Bárbara, estás en shock...— él no quería que su primera vez estuviera ensuciada por el recuerdo de una casi violación. — Yo...necesito borrar el recuerdo de ese hombre, por favor — le pidió ella con ojos llorosos. Él acarició con suavidad su cabello, bajando por su mejilla.. Pasó con suavidad la mano por la curvatura de su seno. Claro que él podía hacerla sentir mejor, y lo haría. Aunque no fuera satisfactorio para él. En ese momento solo importaba ella. Así que se agachó frente a la rubia, con suavidad abrió sus labios vaginales y comenzó a lamerla. — ¡Oh si, así sí! Ahhh... Johnny siguió lamiendola, y metió uno de sus dedos en ella hasta que los latidos de las paredes vaginales de ella le anunciaron que alcanzó el orgasmo. Entonces se levantó, la tomó en brazos y la llevó a su cama. Ya había hecho un reconocimiento del apartamento mientras ella declaraba. La apoyó con suavidad sobre el lecho y le dió un beso en la frente. Ella aún estaba desnuda, y la erección era dolorosa para él. Vió su ropa de dormir sobre la almohada, un camisolin de seda negro y la ayudó a colocarselo. Luego la arropó. Y volvió a acariciar con ternura su mejilla. — Voy a estar en el sofá por si me necesitas... Ella lo tomó del brazo para detenerlo. — Por favor, quédate.

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