Capítulo 56

Sudores fríos, respiraciones entrecortadas, una palidez mortal, hermoso rostro demacrado y permanentemente marcado por el sufrimiento, Jacobo sostenía la delicada mano de la mujer a la que amaba, mirarla sufrir era una horrida agonía propia, eran compañeros, un vínculo más allá del pobre entendimiento humano los uniría para siempre, el dolor de su hembra era suyo, no importaba que fuese una loba de sangre pura, no importaba que estuviese

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