Naiara dormía con tranquilidad, la maritu mantenía cerradas las ventanas que le bloqueaban la luz del sol, creando una penumbra que invitaba al sueño. Notó la frescura de la mañana rozándole las mejillas, los hombros, a piel de la espalda que se mantenía expuesta y entonces llegaron a su mente los recuerdos, las caricias compartidas, las palabras de amor, los susurros enfebrecidos, los besos que ardían en la piel. Abrió los ojos y se incorporó, cubriendo su desnudes con algo de pudor y comenzó