Sin esperarlo sus pensamientos estaban ya tan sintonizados que comenzaban a ser uno. Siguieron ahí en silencio un poco más, intentando comprender todo aquello.
- Vamos – dijo Aysel tomando la mano de Naiara, ella miró el agarre y lo aferró.
- Sí – aseguro.
Avanzaron hasta la cueva tomados de la mano, de alguna manera la unión los hacía apaciguar la inquietud, sin dejas de sentir la fuerza existente en el lugar. Una vez que cruzaron la entrada, todo pareció calmarse, la escasa