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Mientras Sebastián se mantenía acompañando a Juliana, Mika estaba en casa, de mal genio. Unas horas antes la madre de Ana la había llamado pidiendo perdón. Le dijo que el padrastro había fallecido y que la necesitaba a su lado.

Decía que había confesado sus crímenes y que ahora sí le creía, maldita vi

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