37. Bebimos demásiado esa noche.
George no tardó nada en sacar los dedos del interior de su esposa, observando maravillado esa escena tan erótica en la que se introducía los dedos en la boca para chuparlos y luego masajeaba su miembro erecto.
Tuvo que contenerse para no correrse en ese simple instante, aunque varias gotas de líquido pre seminal coronaron su glande.
Dejó que ella lo guiara hasta el centro de su intimidad mientras él le acariciaba los muslos y se aferraba a ellos y luego, sin perderse ni un ápice de su expresión