31. Estás rosa son de tu esposo
Marjorie se sentó frente al espejo, para desmaquillarse, pero sobre todo, para conversar con ella misma, con la mujer reflejada en el espejo.
Esa mujer radiante y sonriente que le regresaba el espejo, esa sonrisa deslumbrante que era a causa de George Anderson.
El hombre que le ofreció un amor de contrato y que no podía hacerla más feliz a pesar de las dudas iniciales, estaba segura de que haber aceptado era lo mejor que pudo hacer.
—No temas, pase lo que pase, confía en que George seguirá haci