Una luna rechazada. Capítulo 52: Pensamientos intrusivos
Alanna.
—Oye, ¿no crees que has estado actuando extraño? —le pregunté.
Decidí encarar a Dorian porque llevaba días evitándome y yendo seguido al pueblo, pidiéndome que no lo siguiera y me quedara en casa.
Nosotros empezamos a vivir como antes, en la cabaña cercana al templo.
—¿De qué hablas? —cuestionó, confundido.
Se sentó en el sofá y encendió la televisión que recién compró para que yo tuviera algo de entretenimiento cuando él se iba.
—Dorian, me has dejado sola, ¿se puede saber qué ocultas?