Laia.
La noche más esperada de la semana había llegado y yo estaba más nerviosa por haber soñado con Eris, que por saber que Caleb me había invitado a una especie de cita.
Alejé los pensamientos tortuosos porque tenía que centrarme en pasarla bien y resolver los problemas con mi mate.
Caminé hasta la parte más alejada del patio de la mansión, estaba rodeado por altos muros de piedra cubiertos de enredaderas. El suelo, empedrado y desgastado por siglos de uso, crujía bajo mis pies al caminar por