Laia.
Desperté sudorosa y con el corazón a mil porque cada sueño que tenía con la diosa, me dejaba desgastada. Me sobresalté al ver que unos penetrantes ojos grises me estaban viendo con curiosidad.
Se trataba de Caleb. Estaba demasiado cerca de mi rostro y eso me hizo abrir los párpados con sorpresa. Tragué saliva, porque no sabía en qué momento llegó ahí.
—¿C-Caleb? —titubeé, estando acostada.
Lo último que recordaba era que Zoé se había ido a bañar, pero supuse que dormí por un buen rato y s