Caleb.
Estábamos más que listos para partir a la ciudad y camuflarnos entre los humanos para evitar sospechas de nuestra verdadera identidad.
Elegí a mi mejor ejecutor para que nos acompañara. Se trataba de un hombre con el que solía luchar y congeniábamos muy bien en el campo de batalla.
—Aquí estoy, alfa —habló Leo, en cuanto llegó a la salida de la mansión.
Ya habíamos preparado todo. Nos iríamos en un auto que tenía guardado, solo lo usábamos en ocasiones como esa. Me encargué de pedir dos